El barrio Santa Teresa de Rio de Janeiro.

Por algo lo han apodado “El jardín suspendido sobre la ciudad de Rio de Janeiro”. Se halla a sólo veinte minutos en auto desde Copacabana, está edificado sobre un “morro” o colina, y guarda rasgos históricos que le dan un encanto especial, una suerte de magia que atrae a escritores y artistas.

Santa Teresa fue antiguo reducto de la aristocracia carioca, que le imprimió su riqueza arquitectónica y cultural; pero antes fue uno de los primeros quilombos, o refugios de esclavos negros fugitivos, que eligieron ese lugar como escondite por estar alejado y alto; descubierto por las Carmelitas Descalzas, fundaron allí un convento en honor a Santa Teresa de Ávila, en el siglo XVIII.

 


El barrio tuvo su época de apogeo mientras Rio de Janeiro fue capital de la nación; después vino un período de olvido y decadencia, hasta que, en los últimas años, gracias a una oleada de inversiones, resurgió como polo cultural y gastronómico, con restaurantes que rescatan la cocina brasileña tradicional, museos, hoteles y boutiques, convirtiéndolo en “el Montmartre carioca”.


Hoy, Santa Teresa se caracteriza por sus caserones antiguos, iglesias coloniales y los Ateliers, o talleres dedicados a la confección de trajes para el Carnaval carioca.

Por sus calles adoquinadas, estrechas y sinuosas, pasa el bondiño, o tranvía amarillo, que atraviesa de punta a punta el barrio, y es una de las atracciones particulares de Santa Teresa, el único tranvía que aún circula por Rio de Janeiro.

El recorrido artístico de Santa Teresa comprende diversos ateliers de artistas y artesanos. Todos los años, en julio, muchos de ellos abren sus puertas para mostrar a los visitantes el trabajo de los artistas; esa movida se llama Arte de Portas Abertas.

El Atelier Curvelo pertenece a una pareja de artistas de Minas Gerais, y está instalado en un antiguo almacén de barrio; se puede visitar con cita previa. Curvelo es una de las estaciones del bondiño.

Ana Durães es una artista plástica brasileña que tiene su atelier en un caserón donde experimenta con distintos materiales para realizar originales creaciones; recibe visitas en el atelier. También se puede visitar el Museo Casa de Benjamín Constant, donde vivió el ingeniero y líder republicano; la casa tiene hermosos jardines, y guarda documentos, libros, fotos y objetos que le pertenecieron.

Otra visita interesante es el Parque de las Ruinas, en lo que fue la mansión de Laurinda Santos Lobo hasta mediados del siglo XX. En la actualidad, el Parque de las Ruinas es un excelente mirador para contemplar una original panorámica de Río. Cuenta con una sala de exposiciones, auditorio y cafetería, para reuniones musicales y lectura de textos literarios.

Santa Teresa tiene muchos otros lugares de interés: bares de ambiente bohemio y muy buena gastronomía, edificios antiguos, la casa de Renata, que integra una red de Cama & Café, lugares donde hospedarse en Santa Teresa. Andar por sus calles es encontrar una sorpresa a cada paso.